En una de mis primeras entradas cité a Leena Patel "Todo lo que haces conscientemente y con toda tu atención es Yoga". Eso me recuerda un día, en Nueva York, a punto de volverme para España, haciendo tiempo frente a una de las librerías de Borders, la que está en el complejo del Madison Square Garden. Yo estaba allí, sentado tranquilamente en el borde de una jardinera estudiando uno de los últimos manuales del curso de Yoga cuando se me acercó un hombre, negro, joven, con un libro en la mano, que luego he supuesto que sería un ejemplar de la biblia. Y me preguntó acerca del Yoga, estaba muy interesado en saber qué era lo que el Yoga me aportaba o podría aportarle a una persona como él. Yo no es que tuviera muchas ganas de hablar, y menos de meterme en temas espinosos sobre si el yoga era compatible con la religión o no, y ni mucho menos en inglés. Cuando uno hace un curso de inglés le enseñan frases como: "Una habitación doble" o "¿Cuánto cuesta?" o, si es un curso avanzado de inglés tal vez aprenda a decir "mecanografíe este informe y envíelo lo antes posible a la dirección indicada en el sobre". Pero nunca le enseñan a decir cosas como: Para mí el Yoga es como el jabón, que lo más importante no es lo que te da sino lo que te quita. Al igual que el jabón te quita la suciedad y las impurezas, el yoga te quita la rigidez de los músculos y el estrés de la cabeza.
Por tanto, la importancia del Yoga no está tanto en lo que te aporta sino en lo que puede ayudar a descargarte de tu bagaje habitual, sea en forma de impedimentos físicos, o cargas mentales innecesarias.
Debido a mis limitaciones lingüísticas, en vez de decir eso chapurreé lo mejor que pude que el yoga me aportaba flexibilidad y relajación, con la esperanza de que me dejara en paz, no porque no fuese una persona educada y amable, que sí lo era, sino porque me veía en la extraña situación de explicar a un desconocido, una cosa ya de por sí bastante difícil de explicar en mi propio idioma, como para explicarlo en otro que no era el mío. El yoga es una de esas cosas que se definen mejor por lo que no es que por lo que es.
El hombre insistió en preguntarme qué era lo que me aportaba no ya físicamente, sino espiritualmente. Antes de bloquearme por completo conseguí decir una sola palabra: Serenity
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| Leena Patel |
El hombre sonrió y se despidió con estas amables palabras: "Thank you for this little piece of serenity" o sea, "gracias por este cachito de serenidad".
Si ahora, con un poco más de experiencia y un poco más de inglés, me hubiese encontrado con ese hombre, tal vez le hubiese preguntado si aquello que tenía en la mano era la biblia, y si la estudiaba a diario, y si la leía con plena atención y concentración, y si las respuestas hubiesen sido afirmativas, le habría respondido: "Ese es tu Yoga, y es la mejor forma de Yoga que puedes hacer".
En última instancia, el Yoga, una vez que haya ayudado a liberarnos de todas nuestras impurezas, es como el jabón, que hay que aclararlo del cuerpo, si no, se convierte en un residuo más. No me refiero tanto a que haya que dejar de hacer posturas, que, al fin y al cabo no son más que ejercicios de mantenimiento para estar en forma, sino, que si no somos capaces de andar por la vida sin hacer sesiones de yoga por unos días, y nos perdemos en nuestras cavilaciones en cuanto agarramos, por ejemplo, un estropajo, el yoga se convierte en un obstáculo más. El yoga no será Yoga hasta que se haya integrado en nuestras vidas de manera que todo lo que hagamos lo hagamos conscientemente y toda nuestra atención.
En ese sentido el Yoga no entra en contradicción con ninguna religión, ni siquiera con el ateísmo, sino que ayuda a cualquier practicante de cualquier religión a adentrarse más en su fe y sus convicciones.

