domingo, 10 de octubre de 2010

Tu Yoga

En una de mis primeras entradas cité a Leena Patel  "Todo lo que haces conscientemente y con toda tu atención es Yoga". Eso me recuerda un día, en Nueva York, a punto de volverme para España, haciendo tiempo frente a una de las librerías de Borders, la que está en el complejo del Madison Square Garden. Yo estaba allí, sentado tranquilamente en el borde de una jardinera estudiando uno de los últimos manuales del curso de Yoga cuando se me acercó un hombre, negro, joven, con un libro en la mano, que luego he supuesto que sería un ejemplar de la biblia. Y me preguntó acerca del Yoga, estaba muy interesado en saber qué era lo que el Yoga me aportaba o podría aportarle a una persona como él. Yo no es que tuviera muchas ganas de hablar, y menos de meterme en temas espinosos sobre si el yoga era compatible con la religión o no, y ni mucho menos en inglés. Cuando uno hace un curso de inglés le enseñan frases como: "Una habitación doble" o "¿Cuánto cuesta?" o, si es un curso avanzado de inglés tal vez aprenda a decir "mecanografíe este informe y envíelo lo antes posible a la dirección indicada en el sobre". Pero nunca le enseñan a decir cosas como: Para mí el Yoga es como el jabón, que lo más importante no es lo que te da sino lo que te quita. Al igual que el jabón te quita la suciedad y las impurezas, el yoga te quita la rigidez de los músculos y el estrés de la cabeza.
 Por tanto, la importancia del Yoga no está tanto en lo que te aporta sino en lo que puede ayudar a descargarte de tu bagaje habitual, sea en forma de impedimentos físicos, o cargas mentales innecesarias.
Debido a mis limitaciones lingüísticas, en vez de decir eso chapurreé lo mejor que pude que el yoga me aportaba flexibilidad y relajación, con la esperanza de que me dejara en paz, no porque no fuese una persona educada y amable, que sí lo era, sino porque me veía en la extraña situación de explicar a un desconocido, una cosa ya de por sí bastante difícil de explicar en mi propio idioma, como para explicarlo en otro que no era el mío. El yoga es una de esas cosas que se definen mejor por lo que no es que por lo que es.
El hombre insistió en preguntarme qué era lo que me aportaba no ya físicamente, sino espiritualmente. Antes de bloquearme por completo conseguí decir una sola palabra: Serenity

Leena Patel
El hombre sonrió y se despidió  con estas amables palabras: "Thank you for this little piece of serenity" o sea, "gracias por este cachito de serenidad".
Si ahora, con un poco más de experiencia y un poco más de inglés, me hubiese encontrado con ese hombre, tal vez le hubiese preguntado si aquello que tenía en la mano era la biblia, y si la estudiaba a diario, y si la leía con plena atención y concentración, y si las respuestas hubiesen sido afirmativas, le habría respondido: "Ese es tu Yoga, y es la mejor forma de Yoga que puedes hacer".
En última instancia, el Yoga, una vez que haya ayudado a liberarnos de todas nuestras impurezas, es como el jabón, que hay que aclararlo del cuerpo, si no, se convierte en un residuo más. No me refiero tanto a que haya que dejar de hacer posturas, que, al fin y al cabo no son más que ejercicios de mantenimiento para estar en forma, sino, que si no somos capaces de andar por la vida sin hacer sesiones de yoga por unos días, y nos perdemos en nuestras cavilaciones en cuanto agarramos, por ejemplo, un estropajo, el yoga se convierte en un obstáculo más. El yoga no será Yoga hasta que se haya integrado en nuestras vidas de manera que todo lo que hagamos lo hagamos conscientemente y toda nuestra atención.
En ese sentido el Yoga no entra en contradicción con ninguna religión, ni siquiera con el ateísmo, sino que ayuda a cualquier practicante de cualquier religión a adentrarse más en su fe y sus convicciones.

lunes, 4 de octubre de 2010

Deja de dejarte pensar

   En la entrada anterior mencioné que tal vez has comprado un disco que en realidad no querías comprar. Y no me refiero a la presión social, a la publicidad, o a la propaganda. Me refiero más bien a la programación mental. Porque tú puedes decir que sí que querías ese disco, pero lo más habitual es que en realidad no lo quisieras. De hecho, de todos tus pensamientos, tendrás suerte si una cuarta parte son realmente tuyos, (probablemente ni el diez por ciento sean tuyos). Por eso, en el Yoga se da mucha importancia a la Atención Mental, Concentración, y Meditación, que no dejan de ser la misma cosa: Mantener la mente en un punto fijo.


   Si eres lo bastante paciente como para hacer una pequeña sesión de ejercicios, luego una relajación,  después intentas mantener una respiración calmada y finalmente te quedas en un sitio tranquilo, en una postura cómoda, podrás dedicar unos minutos simplemente a observar lo que pasa por tu mente, y verás que no es nada fácil. De hecho es lo más difícil del mundo, porque en el momento en que te pones a observar los pensamientos de tu mente te metes en ellos y te identificas con los mismos.
   ¿Ah pero es que no es siempre así?
   No, siempre no, a veces te das cuenta de que los pensamientos que pasan por tu cabeza son como una película que puedes observar tranquilamente sin que te afecten como se supone que te deberían afectar.
   Para que os deis cuenta de lo difícil que es controlar la propia mente, os pongo el ejemplo del elefante, basta que alguien nos diga "No pienses en un elefante", para que ya esté el elefante en nuestra cabeza, un elefante grande y gris al lado de un árbol, de hecho acabas de abrir tu mente al elefante y al árbol y has pensado en ellos.
   Esa es una poderosa razón de porqué los libros para dejar de fumar no suelen dar resultado, porque mantienen tu mente centrada precisamente en aquello en lo que quieres dejar de pensar.
   Para conseguir alejar la mente de lo que no queremos, el Yoga utiliza estrategias diferentes, pero eso será otro asunto en otra entrada. Continuemos con la mente.
   Si sigues con el ejercicio de observar la mente y al cabo de un minuto no te encuentras que estás totalmente cabreado porque acaban de volver a subir el recibo de la luz, o te encuentras pensando en esa persona que tanto te interesa, podrás disfrutar de una extraña película que se compone de escenas que van uniéndose unas a otras por un hilo muy fino, por unas relaciones extrañas, ya sea porque ha aparecido una palabra que se parece a otra, o porque cierta imagen te ha recordado a otra. Relaciones que aunque débiles te pareceran muy lógicas si consigues seguirles el rastro y son de tu propia mente, pero que serían rarísimas para cualquier persona que no fuera tú.
   Unas pocas veces he intentado hacer un ejercicio de regresión mental, que comenzaba tras una relajación intentando mantener la mayor atención posible sobre mis pensamientos, para así, si perdía el hilo, recobrarlo a la mayor brevedad posible y seguirlo hacia atrás hasta el punto de pérdida de atención. Recuerdo que estaba tumbado en la cama, observaba en lo que pensaba, me estaba quedando un poco traspuesto y, cuando me di cuenta estaba cabreadísimo por un asunto relacionado con el trabajo. Si no hubiera retomado el hilo en ese momento, tal vez hubiese estado cabreado durante más tiempo dándole vueltas a cosas que en otro momento no me hubiesen afectado, pero al retomar el hilo y regresar tras mis pasos mentales, llegué a la conclusión de que me acababa de cabrear por una chorrada. Ahí va:

   Me encontré que estaba cabreado con algún asunto relacionado con el trabajo, pero ¿cómo había llegado hasta ese pensamiento?. Pues por un ruido. Era el ruido del termostato de mi radiador. Había sonado el click que ponía el radiador, lo que me recordaba que se había puesto en marcha, y que tenía el radiador puesto porque hacía frío y se había adelantado el invierno, con lo que pensé, que los cabrones del gobierno se iban a forrar porque este invierno parecía que iba a ser muy frío, yo tendría que poner mucho la calefacción y acababan de subir el recibo de la luz por tercera o cuarta vez en poco tiempo. Con lo que yo tenía que trabajar para pagar mis recibos todos los meses. Eso me llevó a pensar en mi trabajo, y en que últimamente no hacían más que cambiarme los horarios y encima me los daban con muy poca antelación, sin pensar en que todos tenemos una vida propia y tenemos planes, etc...

   Como véis, la mente es como un mono loco que salta de rama en rama.

   Las relaciones que hice, tras saltar el termostato, de porqué mi mente se fue a pensar en el recibo de la luz, y no en si hacía frío, el parte metereológico y en mis planes para el fin de semana ahora que no podría ir a tomar el sol, podrían explicarse porque esa mañana en la radio había escuchado lo de la subida del recibo de la luz. era una cosa que mi mente había recogido, algo que alguien había puesto en mi camino mental.

   Bien, la mente piensa en aquello que pensamos que no es bueno pensar en ello. Como si fuera un niño cabroncete que hace lo contrario de lo que se le pide sólo por fastidiar. Además va de un pensamiento a otro como un niño inquieto de columpio en columpio, y para colmo recoge todo lo que pasa por su camino como el niño que va recogiendo del suelo todo lo que se pone delante de él.

   En fin, la mente es como un niño maleducado e indisciplinado y hay que educarla y disciplinarla.

   Ahora que sabemos que hay que educar la propia mente, hay que saber el cómo.

   Mientras tanto, os dejo un enlace a un video sobre PNL o sea, programación neurolingüística (otra vez PROGRAMACIÓN), donde a un hombre se le pide que escriba en una nota qué le gustaría que le regalaran, el hombre escribe: Una bicicleta. Días antes había escrito una nota que tenía guardada en la cartera donde había escrito: Una cazadora. Antes de que esnseñara la nota de la bicicleta, le dicen, hemos adivinado lo que has escrito, y sacan una bicicleta. El tío se queda alucinado. Porque hasta ese momento y durante los días anteriores era consciente de que quería una chaqueta. Pero en tan sólo unos minutos había cambiado de opinión. ¿Cómo era posible que "adivinaran" que iba a cambiar de opinión?
   Fíjense en que el decorado está lleno de pares de círculos como para aludir a las ruedas de bicicletas, incluso hay una grabadora de las antiguas con los dos carretes moviéndose como las ruedas de una bicicleta, y el discurso del hombre que lleva todo el tema en el que inserta palabras como "sillín", "manillar", etcétera, en un discurso aparentemente sin relación con las bicicletas. En resumen, el hombre estaba convencido de que el pensamiento de la bicicleta era suyo cuando en realidad no lo era.


   Para el que esté interesado en practicar la PNL con alguien que no sea él mismo que ni lo intente, además de ser poco ética, puede ser un arma de doble filo.