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martes, 21 de diciembre de 2010

¿Es el yoga fácil?

Me pregunta una amiga si el yoga es difícil porque ella tiene muy poca paciencia, Y yo le he respondido que el yoga es fácil pero que requiere mucha paciencia.
Hace poco, leyendo un libro de Anatomía y yoga, encontré perlas como ésta (la traducción libre es mía): el asunto más importante de Hatha Yoga no es la flexibilidad o la habilidad para hacer posturas difíciles, sino la "atención" del cuerpo y la mente.


La clave no es hacer la postura más difícil del mundo porque sin atención no es yoga. Y viceversa, la postura más fácil, hecha con plena atención es yoga.
En mi caso, el tipo de yoga que practico, es una especie de yoga derivado del Hatha Yoga y lo que podríamos denominar Patanjali Yoga, o yoga clásico, adaptada a los tiempos modernos y al mundo occidental por Swami Sivananda, más tarde por Swami Vishnu Devananda, y por último por mi profesor Santiago Pazhin. A este yoga le he ido incorporando ejercicios que he recopilado de libros y videos y que he experimentado conmigo mismo a lo largo de más de veinte años. Sin embargo no es un yoga propio, o exclusivo al que le pueda dar un nombre concreto y patentar.
Hemos pasado de un yoga casi universal, milenario y gratuito. A miles de costosos yogas patentados con nombre y apellidos.
En mi caso no voy a renegar del Sivananda Yoga o del yoga terapéutico del CEYSI, sería de desagradecidos. Al fin y al cabo los títulos que tengo y que alguna vez colgaré de la pared ostentan el sello del CEYSI. Sin embargo, al margen del derecho a cobrar lo que le dé la gana a Iyengar por un yoga al que le ha dedicado toda su vida. También el Iyengar yoga bebe de fuentes comunes y tiene raíces comunes con otros yogas. Iyengar también tuvo su maestro, y otros alumnos del mismo maestro impartieron clases sin cobrar.
Los problemas que surgen son cuando esto se empieza a multiplicar de manera exponencial y cualquier profesor de yoga recién salido de una escuela patenta una mínima variación de yoga como suya. Ello lleva a una confusión tal que una persona interesada en comenzar con el yoga se sienta desanimada. En la película Enlighten Up, una persona se pasa 6 meses visitando gimnasios, centros y escuelas de yoga de medio mundo. Y al final de todo no le queda claro lo que es el yoga.

De cualquier forma, el yoga terapéutico CEYSI, se basa en adaptar el yoga a la capacidad de cada alumno, a su edad, a sus problemas de salud etc. En este tipo de yoga, no sólo se practican posturas, sino que hay "preposturas" que practican los alumnos de menor capacidad. Aquí tenéis el enlace a la web del CEYSI (Cento Escuela de Yoga y Salud Integral):


En este tipo de yoga se "facilitan" las posturas para que los alumnos que no pueden practicar las posturas más difíciles se beneficien igualmente de practicar estiramientos más suaves.
La consecuencia positiva es que todo el mundo puede practicar yoga. La consecuencia no tan positiva es que requiere tiempo y paciencia. La consecuencia "SUPERPOSITIVA", es que se reduce el riesgo de lesiones.
Así, en resumen, el yoga es fácil pero requiere tiempo, regularidad y paciencia. Lo menos fácil del yoga es prestar la atención necesaria en cada postura, o cada ejercicio. Uno de los frutos más jugosos del yoga es la adquisición de la paciencia.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Creer o no creer

Hay una historia muy vieja de dos personas que iban a tomar café, y mientras charlaban acerca de lo absurdo de la religión y de creer en Dios, les pregunta el camarero si querían el café hecho con filtro, y uno de ellos respondió:
-No, que quiero leer los posos.
Esto viene a cuento porque muchas veces los que practicamos yoga y, por extensión, intentamos llevar una vida saludable, nos encontramos con que los tablones de anuncios de los gimnasios y centros de yoga, o las puertas de los herbolarios están plagadas de pequeños anuncios y folletos sobre astrología, geomancia y todo tipo de de "adivinancias", curas y remedios "cuasi" milagrosos etc.
Seguramente, si les preguntas a esas personas que ponen los carteles si creen en Dios, te dirán que no, o que creen en Dios pero no en la iglesia, pero que de todas formas son muy espirituales. Han pasado de no creer en Dios a creer en todo lo demás.
Si indagas en por qué no creen en Dios o en la iglesia te suelen citar las incongruencias de la biblia, o la pederastia de los curas, o la hipocresía y corrupción de la iglesia, citándote algún caso concreto de un cura que abusó de un niño hace 20 años en la parroquia de su pueblo.
Por otra parte, cuando un grupo de científicos se dedica a atacar al yoga, lo hace metiéndolo en el mismo saco de "mancias" que aparecen en esos tablones de anucios de los herbolarios. Al mismo tiempo te pueden también citar casos de cómo algún "gurú" espabilado iba por ahí prometiendo que curaba el cáncer, o de personas que han empeorado de sus lesiones por culpa del yoga.
De la misma forma, también se podría atacar a la comunidad científica porque la mayoría de las medicinas "alopáticas" causan más daños en efectos secundarios que las enfermedades que dicen curar, o que hay un gran número de psiquiatras acusados y condenados por abusos sexuales. Pero a nadie se le ocurre decir que se deberían prohibir las medicinas, ni quemar los despachos de los siquiatras.
Al igual que no todos los yoguis somos vegetarianos estrictos, tampoco todos los practicantes de yoga creen en la astrología, la geomancia, el quantum touch, el reiki, o el eneagrama, por poner sólo ciertos ejemplos de lo que va desde lo pseucientífico a lo puramente basado en la fe o el efecto placebo. Al margen de que todas estas clases de "suertes" le hayan sido útiles a la gente, y al margen también de que esa utilidad sea científicamente demostrable o no, hay algo en el yoga que lo distingue de esas otras disciplinas:

Existe un yoga totalmente tangible, prudente y lleno de sentido común. Si en algunos casos no ha pasado de mera disciplina práctica a disciplina científica no ha sido por falta de "tangibilidad", o demostrabilidad, sino principalmente por dos motivos. Uno, su fama de falta de rigor científico al encontrarse relacionado (sin querer), con cosas tan indemostrables como la "astrología" o la New Age. Y dos, la falta de interés, tanto por los propios yoguis como por la "comunidad científica". A los científicos no les interesa "perder" el tiempo estudiando una disciplina que es, en muchos casos, competencia directa de la suya. A un practicante asiduo de yoga, que ha recogido una tradición milenaria y experimentada por millones de personas antes que él,  al que le ha sido útil durante 20 años, no le interesa estar varios años más haciendo de cobaya, practicando posturas, incluso posturas contraproducentes, para poder demostrar a los demás lo que parece de sentido común: que los estiramientos, hechos con prudencia, flexibilizan las articulaciones y estiran los músculos, que a la vez comprimen y masajean los músculos antagónicos de esas mismas posturas, que masajean también los órganos internos que quedan debajo de estos músculos, que por tanto "exprimen" ciertas partes del cuerpo, favoreciendo así el drenaje linfático y ayuda, por tanto, a la eliminación de toxinas y a la circulación de agentes inmunológicos dentro del cuerpo. Que las posturas invertidas favorecen el retorno venoso de la parte inferior del cuerpo y por tanto alivian y mejoran todo lo relacionado con las varices. Que los ejercicios respiratorios aumentan la capacidad respiratoria, y la habilidad para respirar eficientemente, reduciendo el esfuerzo para respirar y, al mismo tiempo, aumentando la capacidad de nuestros pulmones para retener el oxígeno. Que ayuda a adquirir el sanísimo hábito de respirar por la nariz y así a beneficiarnos de una respiración más limpia, y que nos protege de los bruscos cambios de temperatura.  Que las rotaciones de columna, bien hechas, corrigen malas posturas. Que alivia contracturas, que ayuda a una buena higiene postural, etc, etc. Sólo por eso merecería la pena hacer yoga.
De ahí a creer que podrás alcanzar el samadhi, levitar y curar el cáncer hay un salto de fe que es cuestión de creer o no creer, y que es independiente del reiki, del quantum touch, de la geomancia, de la astrología, del catolicismo, del protestantismo, el islamismo o el judaismo.

El libro Yoga Anatomy de Leslie Kaminoff es un ejemplo de cómo el yoga y la ciencia pueden ir de la mano, independientemente de cualquier tipo de creencia.
Desde el principio, el yoga se ha visto salpicado y "contaminado" con otras creencias que nada tenían que ver con el mismo. No en vano, los primeros occidentales que investigaron el yoga y lo trajeron a Europa y América, pertenecían a las filas de la Teosofía y demás sociedades secretas, interesadas en investigar culaquier cosa misteriosa que justificase sus creencias, y al mismo tiempo interesadas en propagar cualquier disciplina que fuese útil y a la vez diese credibilidad a sus propias creencias. En ese sentido, el yoga fue la cuadratura del círculo: una disciplina "misteriosa", al mismo tiempo práctica, desconocida en occidente y por tanto "manipulable", y con resultados tangibles.
El yoga se ha utilizado como puerta de entrada a muchas otras disciplinas, algunas útiles, otras de dudosa utilidad y otras completamente inútiles. No por eso, debemos dejar de probar una disciplina eminentemente práctica, en su mayor parte aconfesional, con resultados tangibles, y cuyos efectos secundarios son en su mayoría beneficiosos. 

sábado, 13 de noviembre de 2010

Yoga y alimentación II

   Hace justo dos meses me propuse en este mismo blog hacer yoga a diario y controlar mi peso sin llevar una dieta especial, tan sólo prestando un poco de atención y haciendo más yoga. Mi índice de masa corporal era 23. Hoy está en 22,3. He perdido unos dos kilos. No he hecho dieta especial, he hecho un poco más de yoga pero no lo he hecho todos los días como me había propuesto, tampoco he pasado hambre, y he comido de todo, incluso carne. De hecho, se han juntado varias reuniones de empresa y he tenido que comer fuera de casa unos cuantos días.
   Mi sensación, (y es sólo eso, una sensación), es que siempre que he aumentado mi número de sesiones de yoga, mi IMC ha tendido a situarse en la parte baja dentro de los niveles recomendados y considerados saludables. Creo también que a la mayoría de la gente, salvo excepciones por predisposición genética, la práctica del yoga le ayuda a situar el peso dentro de los límites que se consideran óptimos, y más bien tendiendo a la parte baja. Lógicamente, al no ser el yoga un deporte de alto gasto energético no sirve de "dieta milagro" para perder 10 kilos en dos meses. Es más, creo que si hay alguien con "bajopeso", es decir, situado por debajo de los límites de IMC considerados como saludables, el yoga le podría ayudar a engordar.


Tara Stiles, anteriormente modelo y actualmente profesora de Yoga.

   Por supuesto, existen estudios científicos que afirman que el yoga es un complemento ideal para conseguir perder algo de peso, y que hay ciertos tipos de yoga más indicados para ello. Mi impresión, a base de ponerlo en práctica conmigo mismo, y sin ser ninguna conclusión científica, es que el yoga ayuda a tener un peso proporcional a nuestra estatura, dentro de unos límites saludables.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Yoga y peso

   La principal razón por la que me saqué el título de profesor de yoga fue para "obligarme" a mantener durante unos meses una disciplina que me ayudara con los problemas de columna. Después de decenas de libros leídos sobre el tema y de años de práctica más o menos irregular, yo ya sabía tanto de yoga como casi cualquier experto, y sabía lo bueno que podía llegar a ser para mi maltrecha columna, sin embargo nunca me había puesto "en serio" con una práctica regular. No fue hasta después de un fuerte ataque de ciática que me decidí a seguir el curso. "Tal vez lo haga durante unos meses", me dije, "aunque sólo sea por amortizar el dinero que me cuesta".



Todo el mundo puede hacer yoga, siempre que esté adaptado a su capacidad.
   Anteriormente había tenido diversos dolores en la espalda, cervicalgias o lumbalgias, pero el ataque de ciática me tuvo de baja durante casi tres semanas, retorciéndome de dolor cada vez que tenía que apoyar la pierna izquierda. Y, aunque los calmantes y los antiinflamatorios hicieron su efecto, no me resigné a pasar el resto de mi vida alternando ataques, con medicamentos de graves efectos secundarios, como la adictividad de los calmantes y los daños en el sistema digestivo de los antiinflamatorios.
   Uno de los primeros consejos que me dio la doctora fue que no cogiera peso (en los dos sentidos, en el de no acarrear grandes pesos y en el de no aumentar mis kilos en la báscula). En un principio, no me propuse bajar de peso como un objetivo prioritario, puesto que mi IMC (índice de masa corporal), estaba dentro de los límites. Para los hombres adultos el IMC recomendado está entre 20 y 25 y para las mujeres de entre 18,5 y 25. La fórmula es la siguiente: peso (en kg) / altura al cuadrado (en m). En un período de unos diez años, yo había ganado lentamente unos 7 u 8 kilos y mi IMC era 24,5.
   La primeras medidas que tomé fue cambiar el colchón viejo de muelles por uno nuevo de látex, y cambiar la almohada tradicional por una "mariposa cervical", así como dormir con otro par de almohadas para mantener la posición de la columna algo más recta durante el sueño. En el trabajo incorporé a mi vestuario una faja de seguridad. En cuanto a la alimentación tan sólo reduje el consumo de carne, principalmente el de carne roja, y sustituí algunos alimentos refinados por sus equivalentes integrales (pan, azúcar, harina, pasta y arroz). En ningún momento reduje la cantidad de comidas diarias, ni tuve la sensación de que se redujera la cantidad consumida en cada comida. Tal vez, eso sí, al ser más consciente de lo que comía, piqué menos entre comida y comida. Además complementé la posible falta de proteínas, hierro y de vitaminas del complejo B, debido al bajo consumo de carne, con complementos nutricionales como la jalea real, el alga espirulina, el aceite de germen de trigo, la lecitina de soja y la levadura de cerveza, (al final prácticamente estaba comiendo más que antes). También sustituí los yogures de sabores por los naturales de bífidus.
   En cuanto al ejercicio físico, no creo que incrementase en más de unas pocas calorías diarias mi gasto energético, puesto que en el trabajo mi actividad era la misma, y el yoga es de tal naturaleza que incluso sudar, o tener la respiración agitada se considera un indicio de que no lo haces bien. Mi práctica era la mayoría de los días de una hora y media, de los cuales casi una hora la pasaba sentado o tumbado entre relajaciones, ejercicios respiratorios o de concentración. El resto era una media hora de posturas y secuencias más bien suaves.
   Después de tan sólo unos pocos meses de práctica constante mi IMC se situó en 20,8.
   El primer sorprendido fui yo. Puesto que ya he comentado que mi objetivo no era perder peso, sino más bien, fortalecer mi espalda, hacerla más flexible, ser más consciente de las malas posturas y ser más cuidadoso cuando hacía mi trabajo. ¿Cómo es que se redujo en casi 10 kilos mi peso en menos de 5 meses?. Una de las respuestas posibles la daré en la próxima entrada.

sábado, 11 de septiembre de 2010

...y la realidad "real"

   Entre la realidad acolchada de los entornos controlados y la realidad anestesiada de lo cotidiano, existe una mucho más sutil pero, quizá, la más difícil e importante: la realidad que yo llamo redundantemente "real".
   Mientras que en la realidad acolchada puedes ser consciente sin problemas porque no hay distracciones ni amenazas que te pongan a prueba pero, en realidad, tampoco hay nada interesante con lo que distraerse, y en la realidad anestesiada está todo lleno con las distracciones de la publicidad evidente o encubierta, de las personas que se te acercan interrumpiendo sin ni siquiera esperar a que acabe la anterior con la que estás, de las amenazas de que algo se te caiga encima, o te atropelle un camión, etc... La realidad "real" es aquella que sin salirse de un entorno cotidiano, mantiene la atención y la concentración.
   Estaba yo especialmente atento y alerta durante esos primeros días tras el curso de yoga, y me daba cuenta de algunas cosas a las que jamás habría prestado atención de no ser por ese nivel de concentración. En una de esas ocasiones tuve que coger una herramienta que se hallaba detrás de una estantería pegada a una pared. Para entrar en un espacio tan estrecho tuve que ponerme de perfil, agarrarme a la estantería e inclinarme lateralmente poco a poco. Si yo no hubiera hecho yoga, me habría inclinado sin pensar, lo habría intentado hacer lo más rápido posible, y al volver a incorporarme podría haberme lesionado. Pero como estaba concentrado pude notar cómo me inclinaba vértebra a vértebra, poco a poco, cómo se comprimía un lado de mi cuerpo y se estiraba el otro, en una postura muy similar a lo que en yoga se conoce como Trikonasana o "postura del triángulo". Sí, todo el mundo hace posturas muy parecidas a las de yoga, y muchos se sorprenderían si les dijeran que hacen posturas mucho más difíciles que la mayoría de las que se hacen en una clase de yoga habitual. Justo antes de alcanzar con la punta de los dedos e incorporarme noté cómo estaba llegando al límite de mi "trikonasana", cómo si me inclinaba un poco más podía lesionarme, como le pasa a mucha gente al hacer gestos inconscientes con el cuerpo.
Trikonasa o "postura del triángulo"
   Dos apuntes, primero: cualquier "vecina del cuarto" ya jubilada hace posturas más difíciles que muchas posturas avanzadas de yoga, y lo demostraré en la próxima entrada. Segundo: ¿por qué tiene más mérito y es mucho más difícil ser párroco o cura en un instituto que ser un monje o monja de clausura?. Porque los monjes de clausura están en un entorno controlado o, como digo yo, en un entorno acolchado, mientras que los párrocos o los curas que enseñan en un instituto están rodeados justo por los distractores (o tentaciones) que evitarían cumplir sus votos.