domingo, 19 de diciembre de 2010

Creer o no creer

Hay una historia muy vieja de dos personas que iban a tomar café, y mientras charlaban acerca de lo absurdo de la religión y de creer en Dios, les pregunta el camarero si querían el café hecho con filtro, y uno de ellos respondió:
-No, que quiero leer los posos.
Esto viene a cuento porque muchas veces los que practicamos yoga y, por extensión, intentamos llevar una vida saludable, nos encontramos con que los tablones de anuncios de los gimnasios y centros de yoga, o las puertas de los herbolarios están plagadas de pequeños anuncios y folletos sobre astrología, geomancia y todo tipo de de "adivinancias", curas y remedios "cuasi" milagrosos etc.
Seguramente, si les preguntas a esas personas que ponen los carteles si creen en Dios, te dirán que no, o que creen en Dios pero no en la iglesia, pero que de todas formas son muy espirituales. Han pasado de no creer en Dios a creer en todo lo demás.
Si indagas en por qué no creen en Dios o en la iglesia te suelen citar las incongruencias de la biblia, o la pederastia de los curas, o la hipocresía y corrupción de la iglesia, citándote algún caso concreto de un cura que abusó de un niño hace 20 años en la parroquia de su pueblo.
Por otra parte, cuando un grupo de científicos se dedica a atacar al yoga, lo hace metiéndolo en el mismo saco de "mancias" que aparecen en esos tablones de anucios de los herbolarios. Al mismo tiempo te pueden también citar casos de cómo algún "gurú" espabilado iba por ahí prometiendo que curaba el cáncer, o de personas que han empeorado de sus lesiones por culpa del yoga.
De la misma forma, también se podría atacar a la comunidad científica porque la mayoría de las medicinas "alopáticas" causan más daños en efectos secundarios que las enfermedades que dicen curar, o que hay un gran número de psiquiatras acusados y condenados por abusos sexuales. Pero a nadie se le ocurre decir que se deberían prohibir las medicinas, ni quemar los despachos de los siquiatras.
Al igual que no todos los yoguis somos vegetarianos estrictos, tampoco todos los practicantes de yoga creen en la astrología, la geomancia, el quantum touch, el reiki, o el eneagrama, por poner sólo ciertos ejemplos de lo que va desde lo pseucientífico a lo puramente basado en la fe o el efecto placebo. Al margen de que todas estas clases de "suertes" le hayan sido útiles a la gente, y al margen también de que esa utilidad sea científicamente demostrable o no, hay algo en el yoga que lo distingue de esas otras disciplinas:

Existe un yoga totalmente tangible, prudente y lleno de sentido común. Si en algunos casos no ha pasado de mera disciplina práctica a disciplina científica no ha sido por falta de "tangibilidad", o demostrabilidad, sino principalmente por dos motivos. Uno, su fama de falta de rigor científico al encontrarse relacionado (sin querer), con cosas tan indemostrables como la "astrología" o la New Age. Y dos, la falta de interés, tanto por los propios yoguis como por la "comunidad científica". A los científicos no les interesa "perder" el tiempo estudiando una disciplina que es, en muchos casos, competencia directa de la suya. A un practicante asiduo de yoga, que ha recogido una tradición milenaria y experimentada por millones de personas antes que él,  al que le ha sido útil durante 20 años, no le interesa estar varios años más haciendo de cobaya, practicando posturas, incluso posturas contraproducentes, para poder demostrar a los demás lo que parece de sentido común: que los estiramientos, hechos con prudencia, flexibilizan las articulaciones y estiran los músculos, que a la vez comprimen y masajean los músculos antagónicos de esas mismas posturas, que masajean también los órganos internos que quedan debajo de estos músculos, que por tanto "exprimen" ciertas partes del cuerpo, favoreciendo así el drenaje linfático y ayuda, por tanto, a la eliminación de toxinas y a la circulación de agentes inmunológicos dentro del cuerpo. Que las posturas invertidas favorecen el retorno venoso de la parte inferior del cuerpo y por tanto alivian y mejoran todo lo relacionado con las varices. Que los ejercicios respiratorios aumentan la capacidad respiratoria, y la habilidad para respirar eficientemente, reduciendo el esfuerzo para respirar y, al mismo tiempo, aumentando la capacidad de nuestros pulmones para retener el oxígeno. Que ayuda a adquirir el sanísimo hábito de respirar por la nariz y así a beneficiarnos de una respiración más limpia, y que nos protege de los bruscos cambios de temperatura.  Que las rotaciones de columna, bien hechas, corrigen malas posturas. Que alivia contracturas, que ayuda a una buena higiene postural, etc, etc. Sólo por eso merecería la pena hacer yoga.
De ahí a creer que podrás alcanzar el samadhi, levitar y curar el cáncer hay un salto de fe que es cuestión de creer o no creer, y que es independiente del reiki, del quantum touch, de la geomancia, de la astrología, del catolicismo, del protestantismo, el islamismo o el judaismo.

El libro Yoga Anatomy de Leslie Kaminoff es un ejemplo de cómo el yoga y la ciencia pueden ir de la mano, independientemente de cualquier tipo de creencia.
Desde el principio, el yoga se ha visto salpicado y "contaminado" con otras creencias que nada tenían que ver con el mismo. No en vano, los primeros occidentales que investigaron el yoga y lo trajeron a Europa y América, pertenecían a las filas de la Teosofía y demás sociedades secretas, interesadas en investigar culaquier cosa misteriosa que justificase sus creencias, y al mismo tiempo interesadas en propagar cualquier disciplina que fuese útil y a la vez diese credibilidad a sus propias creencias. En ese sentido, el yoga fue la cuadratura del círculo: una disciplina "misteriosa", al mismo tiempo práctica, desconocida en occidente y por tanto "manipulable", y con resultados tangibles.
El yoga se ha utilizado como puerta de entrada a muchas otras disciplinas, algunas útiles, otras de dudosa utilidad y otras completamente inútiles. No por eso, debemos dejar de probar una disciplina eminentemente práctica, en su mayor parte aconfesional, con resultados tangibles, y cuyos efectos secundarios son en su mayoría beneficiosos. 

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