martes, 21 de septiembre de 2010

Vegetarianismo: la "razón" humanitaria

   Alegan los vegetarianistas (empleo el "palabro" aposta) que si todos fuéramos vegetarianos se acabaría con el hambre en el mundo, o al menos se paliaría. Y digo yo que eso podría ser verdad, si la causa del hambre en el mundo fuera la escasez de alimentos pero, como en los últimos años los países ricos han tirado tanta comida a la basura, ya sea cárnica o vegetal, y que incluso han pagado a los agricultores y ganaderos para que dejen de producir y que no hubiera una sobreabundancia que echara por tierra los precios de los alimentos y dejaran de forrarse cuatro multinacionales. Pienso que a lo mejor no faltan, sino que están mal repartidos. Y que además no llegan a ciertos sitios donde, casualidades de la vida, hay guerras. Como en el Chad o Sudán.

   Según el Programa Mundial de Alimentos de la ONU hay en 2010 más de 900 millones de personas con hambre (lo cual no quiere decir que se mueran de hambre, porque no todas se mueren, y las que lo hacen se mueren de lo que llaman "enfermedades relacionadas con" el hambre, muchas de las cuales se hallan  asociadas a la pobreza, la falta de agua potable, de hospitales cercanos y la falta de higiene, en resumen, que son multifactoriales), aún así esta cifra es inferior a la de 2009. Dos tercios de esas personas viven en sólo siete países (Bangladesh, China, Congo, Etiopía, India, Indonesia y Pakistán), es decir, la mayoría son también los más poblados, estadísticamente, la situación es catastrófica no tanto en países como la India sino en países como el Congo y Etiopía. En muchos casos el hambre está causada como consecuencia de catástrofes naturales puntuales como terremotos (el año pasado en China o Haití) o inundaciones (este mismo año en Pakistán), donde estos fenómenos causan muchas más muertes que en países como Japón, Estados Unidos o Chile.
   Por cierto ¿China? ¿Estamos hablando del mismo gigante asiático que acaba de organizar unos fastuosos juegos olímpicos y una exposición mundial? Sí, el mismo. El mismo que se declara comunista. El mismo que planta rascacielos como si fueran patatas, envía naves al espacio y tiene armas nucleares.
   El mayor porcentaje de población con hambre se da en las zonas del Sahel, esto es, Etiopía, Chad, Sudán...
   Las causas principales del hambre son en estos países la prolongada sequía (que impide plantar y cosechar cereales, o sea vegetales) y los conflictos bélicos (conflictos que, lamento decirlo, se enquistan y eternizan allá donde la ONU planta sus campamentos, y que tienen causas geopolíticas, económicas, estratégicas, étnicas y religiosas)
En resumen:
Las causas del hambre en el mundo son los elevados precios de los alimentos, los conflictos bélicos y la falta de recursos ante las catástrofes naturales.
   En los países desarrollados, los últimos años ha habido buenas cosechas de cereales, lo cual ha bajado el precio de los alimentos, pero no lo bastante como para que los países pobres puedan pagarlos. Los políticos se han encargado de gastarse el dinero que pagamos con los impuestos, para pagar a los agricultores, ¡para que no produzcan alimentos! y así no bajen los precios. Según los políticos el problema no es la escasez de alimentos, sino su abundancia, y en cualquier caso ellos nunca tendrán la culpa, te la echarán siempre a ti.   Y ahí es donde entran en acción las multinacionales de la propaganda mal llamadas ONGs (Organizaciones No Gubernamentales), la cuales están mayoritariamente subvencionadas por los propios gobiernos.
Y resulta que según estas ONGs la causa del hambre es que comes carne en vez de verdura, o que vas en coche al trabajo en vez de ir caminando. Y no que los países desarrollados imponen aranceles a las importaciones procedentes de países africanos para proteger la agricultura local, dando como resultado que los agricultores africanos no pueden vender sus productos en Europa, América o Japón.
   Piensa que por un lado nos quitan dinero para pagar a los agricultores europeos que van en cabinas con aire acondicionado para no producir y mantener los precios altos y que no se quejen, por otro lado estamos pagando unos precios más altos que no lo serían tanto si no se subsidiara el abandono de cultivos o se pudieran comprar productos africanos sin aranceles, al mismo tiempo les cobran dinero a los pobres agricultores africanos por vender en el mundo desarrollado, y luego nos vuelven a pedir dinero para dárselo a esos pobres agricultores africanos que, por supuesto, se mueren miserablemente de hambre ya que no pueden vender sus productos aquí porque están muy caros porque los hemos frito a impuestos. Resumen: nos roban por todas partes y encima dicen que la culpa es nuestra.

Mientras que en los países desarrollados la agricultura industrial ha permitido erradicar el hambre...

...En los países en vías de desarrollo siguen con la agricultura de subsistencia. Agricultura que seguirá así mientras no haya incentivos para producir mejor y con excedentes porque no pueden vender esos excedentes a países desarrollados debido a los aranceles.
   Maldades aparte, dudo yo que el hambre se acabara si todos fuéramos vegetarianos y no se acabaran al mismo tiempo las inundaciones, los terremotos, las guerras, y la codicia de los políticos.
   Esgrimen además otras razones de eficacia, ecología o economía, como que una hectárea de terreno produce mucho más en vegetales directamente que si nos dedicamos a darle esos vegetales a los herbívoros para producir carne. Y es verdad. Sobretodo porque esa hectárea produce tantos vegetales gracias a los abonos químicos y pesticidas que tanto denostan los ecologistas que defienden esta opción. Me hace gracia que cuando se dan las cifras de lo mucho que produce una cantidad de terreno en vegetales siempre se da la del cultivo intensivo, bien regado, bien abonado, con plagicidas y pesticidas, y sin granizo de por medio. Y que luego esas mismas personas no sólo te digan que debes comer vegetariano sino además orgánico y ecológico (es decir, sin abonos químicos, o sin insecticidas). Por cierto, los pesticidas no matan "pestes", matan animales. Y si los pesticidas no mataran animales (roedores, insectos...), o si el grano no se recogiera con modernas cosechadoras que también matan perdices por ejemplo, no habría en la Tierra terrenos cultivables suficientes para alimentar, ni con vegetales, ni con carne a los miles de millones de personas que la habitan. Así que, o matamos animales, o matamos personas, solución ésta que parece ser la preferida por el activismo ecologista y las "élites" mundiales. Yo, de momento, prefiero no matar personas mientras podamos producir suficientes alimentos.

lunes, 20 de septiembre de 2010

¿Razones para ser vegetariano? Encuesta

   No soy vegetariano estricto y no estoy seguro de si me gustaría serlo. Como poca carne. En casa, la comida que preparo no la lleva, pero no rechazo la comida que me ofrecen, lleve carne o pescado.
   En una página web vi una encuesta donde la gente ha dado sus razones para ser vegetariano, y el resultado es éste:
  • Salud 32%
  • Por la presencia de aditivos y hormonas en los productos cárnicos 15%
  • No me gusta el sabor de la carne 13%
  • Quiero a los animales 11%
  • Derechos animales 10%
  • Razones religiosas 6%
  • Preocupación por el planeta 4%
  • Para perder peso 3%
  • Para reducir el hambre a nivel global 1%
   De todas, ya lo dije en una entrada anterior, la única que me parece irrefutable, es la de "No me gusta el sabor de la carne". ¿Por qué? Porque es subjetiva y personal. Porque si a alguien no le gusta el sabor de la carne, no le vas a obligar a comerla y, al mismo tiempo, es una razón que sólo vale para uno mismo.
   De hecho, todas las razones son válidas para "explicar" por qué uno mismo es vegetariano, pero dudo que alguna sirva para convencer a otra persona de que lo sea. Por ejemplo, si te dan una cita de la Biblia para demostrarte que a Dios no le gusta que comas carne, ¿qué pasa entonces con los ateos, o los musulmanes? ¿Y si te citan el Corán? ¿O qué pasa cuando ves otro pasaje diferente de la biblia y ves que se ponían morados a pescado en las bodas, o que mataban corderos para ofrecerlos en sacrificio?


   Sobretodo me gusta la libertad. Y no quiero que me obliguen, ya sea directa, o indirectamente. Y mucho menos con razones falsas.
      Que quede claro que ser vegetariano me parece una OPCIÓN válida y recomendable para la mayoría de las personas. Pero no debería dejar de ser una opción y convertirse en una obligación. En el momento en que lo "vegetariano" se convierte en "vegetarianismo" se transforma en una ideología, pasa de ser algo voluntario y libre a algo por lo que alguien trata de imponerte su punto de vista.
   En entradas posteriores desgranaré diferentes razones que aducen los vegetarianos para serlo, e intentaré dejar claro cuales me parecen válidas y cuáles no.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Perder la perspectiva

   Estamos tan acostumbrados a quejarnos que no nos damos ni cuenta de cuando estamos bien. Hay gente que no son ellos mismos si no se quejan o hablan de enfermedades. Sospecho que yo he sido uno de ellos, porque un día estaba yo quejándome de mi famosa lesión de espalda y comentaba: "es que si me doblo así, hacia este lado, entonces me duele", y un conocido, al que le tengo que agradecer su sinceridad me contestó "pues si yo hago eso mismo me descoyunto".
   Y es que cuando uno está habituado a hacer yoga, y se va curando de una lesión, a veces no valora lo que ha conseguido. De acuerdo, si yo me muevo un poco más de la cuenta hacia cierto lado en alguna postura, llega un momento en que me duele, y además no es que sea normal, porque hacia el otro lado no me ocurre. Pero tengo que valorar que aún así, puedo llegar más que cualquiera que no sea muy flexible a esa postura, la cual, por cierto, no es necesaria para la vida diaria.


Hay posturas que si bien son útiles para aumentar la flexibilidad, nunca van a ser necesarias en la vida diaria, no hay que obsesionarse con ciertas posturas.

   Por lo tanto, tengo que poner las cosas en perspectiva y valorar lo que tengo. Agradecer que en vez de estar en cama, o a base de calmantes, estoy lúcido y despierto y, si bien al final de una jornada de trabajo, después de haber estado de pie siete horas seguidas, o tras pasar mucho tiempo sentado frente al ordenador, tengo ciertas molestias, estas no son nada comparadas con los padecimientos que he sufrido años anteriores.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Ser o no ser... ...vegetariano

   Para hacer esta entrada traté de documentarme en sitios donde se dan razones para ser vegetariano. Y, viéndolas, de verdad que se me han quitado las ganas.
   Si bien es cierto que he ido disminuyendo la carne y el pescado de mi dieta a lo largo de estos últimos años. Hay un último paso que creo que no daré nunca, y es el de tocarles las narices a mis compañeros de mesa con la retahíla de razones para ser vegetariano, o el de hacer que me hagan un plato especial para mí solito en navidad. O negarme a comer aquello que me ha preparado mi madre con todo el cariño del mundo, con lo estropeadita que está, los domingos que voy a comer a casa de mis padres.
   En fin, que he hecho la prueba de llevar una dieta vegetariana no estricta (es decir, sin carne, ni pescado, ni marisco, pero con productos lácteos, huevos y miel), y he comprobado que la puedo llevar sin problemas tanto de salud, como psicológicos, durante meses. No obstante, hay algo que el hecho de sentirse sano o sentirse bueno por seguir una dieta que respeta a los animales, no puede sustituir, y es el rito. Las comidas son un rito, y para mí es más importante pasar un rato con un amigo que me ha invitado a una hamburguesa, o comiendo los callos que me ha preparado mi madre, la cual se esfuerza en prepararme la comida a pesar de su avanzada edad y de padecer parkinson, o los boquerones en vinagre que ha preparado mi padre, o el cordero en navidad en casa de mi hermano, que comer siempre sano o ético. Si en vez de vivir 120 años, como dicen que deberíamos vivir, tengo que vivir 70, pero paso más tiempo con las personas que quiero, entonces ese tiempo es tiempo ganado y no perdido. Yo ya me ocuparé en casa, mientras esté solo, de prepararme una buena y sanísima receta vegetariana.
   En todos los sitios que he buscado se dan 12, 33, hasta 108 razones para ser vegetariano. (Qué "casualidad" que todos ellos sean números con significado ocultista, pero eso es otro asunto). Sin embargo, la mayoría de las razones son manipuladas, tergiversadas, exageradas, o simplemente mentira. Y algunas son tan estúpidas que te dan ganas no sólo de ponerte a comer carne inmediatamente sino de devorar crudo al que las ha escrito.
   Para mí, que he transitado parte  del sendero que conduce al vegetarianismo, mis razones son propias y no trato de imponérselas a los demás. De hecho no creo que valgan para nadie más.
Pirámide nutricional vegetariana no estricta
   El hecho de encontrar razones estúpidas entre algunas razones ciertas, no invalida todas las razones para ser vegetariano pero sí me hace dudar del que las ha escrito, de sus motivos, y de si me toma por estúpido, o es tan ignorante que él mismo se las cree.
   De hecho, una de las pocas razones que he leído y que me parece válida, por lo subjetiva, es la de "no me gusta el sabor de la carne". Contra eso no hay argumento que valga. Sin embargo, otras, aunque nobles, no sirven de argumentos a favor del vegetarianismo, como la de "amo a los animales", porque por la misma razón yo amo a las plantas y no las dejo de comer, me amo más a mí mismo, y no me voy a dejar morir. Otras son falsas directamente como "al freir la carne se incrementa enormemente la cantidad de microorganismos infecciosos" y otras son estúpidas sin más como la de: "Al comer carne se producen reencarnaciones microscópicas de seres de las tinieblas". (Os prometo que hay gente que escribe estas cosas)
   Si he ido reduciendo los alimentos de origen animal de mi dieta es porque creo que me sienta bien, pero yo creo que cada uno tiene que probar. Al igual que hay personas a las que no les sienta bien cierto tipo de alimentos o son alérgicos a ellos, por ejemplo, a la lechuga, y no obligan a nadie a renunciar a la misma. También creo que, siendo innecesario, está bien dejar de matar animales para comérselos, un poco porque sentimos más empatía por los animales que por las plantas, en ese sentido, comer animales estaría a medio camino entre comer plantas y el canibalismo. Y, hablando de canibalismo, llegamos a la razón más estúpida de todas, la que yo llamo, la razón de "la dieta del mono", que sugiere que nuestros antepasados eran unos benévolos primates vegetarianos. Y me parece que es la peor razón de todas porque no hace falta haber ido a la escuela para saber que es falsa. Basta con haberse visto un par de documentales del National Geographic, y veremos que entre la rica y variada dieta de los monos se encuentran caracoles y babosas, hormigas, piojos e insectos varios, e incluso bebés de la propia especie. Así que si alguien quiere seguir la dieta del mono, que se informe antes.
Foto de Adrian Bailey

jueves, 16 de septiembre de 2010

De nuevo hablando de peso

   Si en una entrada anterior llegué a la conclusión de que la postura con la que menos calorías se queman es la que más adelgaza. Ahora voy a llegar también a otras dos conclusiones aparentemente sorprendentes.
   Aunque mis dolores de espalda reaparecieron, al darme cuenta de que parte de los mismos no eran más que somatizaciones mías, pude volver a deshacerme de ellos, y esta vez de una forma si no definitiva, sí al menos más duradera. La primera y feliz consecuencia de la ausencia de dolor, fue que pude dormir noches enteras del tirón, cosa que antes se me hacía imposible. Muchas veces antes de las cinco horas de sueño intermitente, mi cuerpo estaba tan dolorido que me era imposible volver a conciliarlo.
   Primera conclusión: durmiendo bien se adelgaza más. ¿Por qué?. En primer lugar porque, habiendo descansado, uno se siente más vital y activo, y dispuesto a gastar calorías desde por la mañana. Que quede claro que no me refiero a dormir más, sino mejor, es decir, sin estar despertándome cada dos horas. En segundo lugar, al estar más despierto, puedes prestar más atención, y concentrarte mejor, por ejemplo, en lo que comes.

   Y hablando de comida, yo había añadido a mi dieta algunos suplementos para compensar la supuesta falta de nutrientes que podía tener, dado que había reducido el consumo de productos de origen animal. Lo que me lleva a la siguiente conclusión: comiendo más nutrientes se adelgaza más que comiendo menos nutrientes. Por ejemplo, una porción de pan hecho con harina refinada tiene una buena cantidad de hidratos de carbono y poco más. Una porción de pan hecho con harina integral tiene alguna caloría menos (en realidad son casi las mismas), pero una gran cantidad de fibra y minerales que sólo existen en la parte de la harina que se le suele quitar a la harina refinada, esto es, el salvado. Menos calorías con más nutrientes. Con todo, lo más positivo no es la reducción de calorías, o el efecto beneficioso de la fibra a la hora de combatir el estreñimiento, sino el efecto antiansiedad de los alimentos ricos en nutrientes.
   Si el cuerpo nota una falta de nutrientes, sea el que sea, pide comida. Si nos falta una pequeña cantidad de, por ejemplo, selenio, que se encuentra en la carne o en los cereales integrales, pero no en los cereales refinados, el cuerpo nos pedirá una ración más de comida, o volver a comer inmediatamente después de haber acabado la digestión. Y no importa cuánto pan comamos más si éste sigue siendo refinado, porque al cuerpo no le estaremos dando nada más que calorías que no sacian el hambre, pero que engordan igual que el resto de calorías. Engordaremos pero nos seguirá faltando un nutriente esencial. Por supuesto, comiendo mucho y de todo, por muy de baja calidad que sea, llegará un momento en que consigamos esa cantidad extra de selenio, pero habremos ganado muchas más calorías de las necesarias.

   Así que otra de las razones por las que adelgacé fue porque, al añadir ciertos suplementos alimenticios y al cambiar los alimentos refinados por sus equivalentes integrales, le di a mi cuerpo los nutrientes que necesitaba y así reduje la ansiedad por comer, sin aumentar el número de calorías.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Una espalda sana

   Una mañana en la ducha me di cuenta de que mis dolores de espalda habían desaparecido. Me sentía tan bien y con tanta energía que lo primero que hice fue ir a contarlo. En el fondo me sentía extraño, porque los dolores me habían acompañado durante tanto tiempo, que era como si me faltase algo.
   Y a los dos días volvieron.
   Creo que por dos razones. La primera porque después de tanto tiempo había acabado por identificarme con esos dolores, yo era entre otras cosas "esa persona a la que le duele la espalda". De hecho, cuando le conté a un amigo lo raro que me sentía sin esos dolores se volvió y me preguntó, extrañado: ¿por qué, es que los echas de menos?.
   No supe qué contestarle, pero era verdad que me sentía así.
   Después de todo hay tanta gente con dolores crónicos que lo raro era que no supiera a lo que me estaba refiriendo. Pero su pregunta me abrió una nueva perspectiva, la de que hay personas que no han pasado por esa experiencia, que, de hecho, nacemos con una espalda maravillosamente flexible que se fortalece en poco tiempo, y que pasamos una primera infancia con una columna sana. Para la inmensa mayoría de la humanidad es un derecho de nacimiento poseer una espalda, fuerte, sana y flexible. Y simplemente con un poco de higiene postural, se mantiene así por muchos años. Lo malo es, que desde el colegio, empezamos con las malas posturas, y en ese sentido lo peor es que el colegio cada vez empieza a menor edad.
   Había olvidado que era mi condición natural estar con una columna sin desviaciones, y había interiorizado las lesiones como algo propio y natural, cuando lo natural es estar fuerte y sano. Hablaba de "mis" dolores de espalda cuando en realidad habría tenido que hablar de "los dolores" de "mi" espalda, que es diferente.
   En fin. No sé cómo pero a los dos días ya tenía otra vez esos dolores.
   Ahora es cuando viene la segunda razón: me sentía con tanta energía y vitalidad que me fue muy fácil perder el control. En esos momentos yo acababa de obtener el título de profesor, y había iniciado un canal de yoga en Justin.tv donde emitía videos de yoga hechos por profesionales y hacía alguna sesión en vivo. Con lo cual, entre la sesión en vivo, la preparación de la sesión y mi rutina diaria, a veces hacía hasta tres sesiones cada día de yoga físico. En especial la sesión en vivo, para no aburrir al personal, se ceñía a una amplia serie de posturas que no mantenía apenas tiempo, sin relajaciones entre posturas, y sin sesión de relajación final o con una pequeña relajación, puesto que ver a un tío con barba tumbado en una manta no era lo mejor para mantener la audiencia. En pocos meses mi canal tuvo unos 500 fans y alrededor de 150.000 vistas, aunque tengo que decir que mi programa en vivo era de los menos vistos. Con todo, pagué el exceso volviendo a los dolores.
   Ese exceso de energía y vitalidad me hizo perder el control, esto es, la consciencia de mi propio cuerpo y superar mis límites. Hay algo en lo que no falla la ciencia: "La energía no se crea ni se destruye, se transforma". Cuando uno pasa de tener poca energía a tener mucha es porque ya la llevaba dentro o porque la ha adquirido de fuera, no surge de la nada. Con el yoga se consigue tanto aprovechar mejor la energía que nos viene de fuera, esto es, de los alimentos, del descanso, del aire libre, como sacar la que llevamos dentro, como con las posturas de torsión, que exprimen los músculos, y sacan hacia fuera la energía latente, como el jugo de una naranja, a donde pueda ser más necesaria.

Las posturas de torsión sacan la energía que llevas dentro. Y hay que hacerlas con cuidado para evitar lesiones.
   ¿Pero hay algún problema con esto?. Pues, bueno, si no estás acostumbrado, simplemente no sabes qué hacer con tanta energía. En primer lugar te sientes más vital pero también más nervioso. Es posible que sientas más deseo sexual, pero también que duermas peor. Tu cuerpo irradia vitalidad, pero al mismo tiempo tus movimientos derrochan energía y se hacen más vehementes. Y, al fin, toda esa energía que te sobra, sale por algún lado, generalmente, si no sabes canalizarla, en forma de insomnio, derroche sexual, irritabilidad, o simplemente yendo más allá de tus posibilidades.
   Ni que decir tiene que comencé a hacer series de posturas cada vez más amplias y avanzadas, sin un criterio prudente. Así que me excedí.
   En resumen. Los dolores volvieron porque no sabía vivir sin ellos, y porque en un momento de euforia me pasé con los ejercicios.
   Muchas de las recomendaciones del yoga te llevan a ganar mucha energía. También se debería enseñar a canalizar esa energía, incluso antes de enseñar ciertas posturas.

Dolores de espalda

   A los 13 años empecé con las clases de guitarra, a los 14 me compré un ordenador y aprendí a programar, a los 15 bailaba break dance, a los 16 conocí el yoga...
...a los 24 tenía dolores en la zona de las cervicales, a los 30 tenía fuertes dolores en las lumbares y tenía que tomar calmantes, a los 35 estuve de baja por un ataque "invalidante" de ciática, concretamente "Lumbociática Izquierda".
   La postura para tocar la guitarra, por muy correcta que sea, no es buena para el cuello, ni pasar horas frente al ordenador, y con el break dance se hacen verdaderas burradas con el cuerpo, como bailar sobre la cabeza. Hablando de burradas, recuerdo haber empujado un coche cuesta arriba, haber sostenido una escalera de unos cien kilos con mis brazos y haberme excedido en la postura del misionero. Tras estos incidentes, siempre me sentía sin fuerzas de la cintura para abajo durante el resto del día. A estos esfuerzos excesivos y puntuales, tenía que sumarles esfuerzos repetitivos, como reponer sacos de tierra y diversos objetos pesados en una tienda durante horas y durante años, desde los 24 años.
   Y un apunte más: también el yoga, mal hecho, puede provocar lesiones. Así que yo sabía que lo estaba pasando mal, que tenía muchos dolores en la espalda, pero no sabía qué lo había causado exactamente.
El hecho de haber padecido una dolencia "asimétrica" hace que ciertas posturas sean buenas para mí, y que en cambio su simétrica no lo sea. Por ejemplo, esta postura no me viene bien, mientras que si invierto las piernas, resulta muy beneficiosa para mi "lumbociática izquierda". Conclusión: El Yoga debe estar adaptado a las circunstancias de cada persona.

  En principio, mi objetivo fue seguir los consejos del médico. Pero una vez aliviado y, tras descubrir que en el momento que dejaba por unos días las pastillas recomenzaban los síntomas, me negué a pasar el resto de mi vida a base de medicamentos.
   En primer lugar, como yo había leído mucho sobre el yoga, comencé a seguir diversos consejos que ya sabía, como cambiar de colchón, de almohada, procurar mantener la postura correcta en cada situación (bastante fácil de decir y muy difícil de hacer), usar una faja lumbar en el trabajo, etc
   En segundo lugar, retomé la práctica del yoga, pero esta vez de una forma más constante y con una forma de yoga más suave. A los 36 me apunté en el curso para profesores.
   La primera sorpresa fue que pude mantener a raya la ciática. Quiero decir, que aunque la lesión subyacente seguía ahí, en cuanto notaba el primer síntoma (que consistía en notar como si me hubieran dado una patada en el culo), me bastaba con tomar el antiinflamatorio y pasar a hacer rutinas más suaves en mis sesiones de yoga. Por una parte el yoga fortalecía los músculos responsables de sostener la zona dañada, y así aliviar la presión sobre la misma, pero por otra parte algunas posturas la comprimían, con lo cual acentuaban los síntomas. Sin embargo, lo mejor del yoga fue que me permitió darme cuenta de ello. El principal resultado del yoga no fue descubrir la "postura mágica", sino descubrir las posturas "malas", y así poder evitarlas en mi vida "real" fuera de la colchoneta. De nuevo, lo mejor del yoga fue el aumento de consciencia sobre mi propio cuerpo.
   El siguiente paso, una vez mantenida a raya la ciática, fue descubrir que me dolía todo el resto de la espalda. Sí, entre los medicamentos y los anestésicos naturales, los demás dolores que había tenido el resto de mi vida se habían mantenido a la sombra, y sin las medicinas, reaparecieron en orden inverso a como habían surgido. A medida que desaparecía un dolor, reaparecía el inmediatamente anterior que había estado allí latente, oculto por un dolor más fuerte. Pasé de la ciática a la lumbalgia, y de la lumbalgia a diversos dolores en las cervicales. Al principio me desesperé, hasta que comprendí lo que estaba sucediendo.
   Yo había tenido todos esos dolores durante años, pero siempre habían estado enmascarados o por las pastillas o por un dolor mayor. Cada vez que había tenido un dolor fuerte, mi cerebro había segregado sustancias que si bien no habían podido con él, sí habían ocultado el otro más débil. Así, la ciática había enmascarado a la simple lumbalgia, y la lumbalgia a los dolores en las cervicales. Es un mecanismo natural del cerebro que nos mantiene libres de ser un constante mar de dolor. Hasta que no me libré del dolor en las cervicales, es decir, del primero que había tenido en mi columna, no estuve seguro de haber completado todo el proceso de curación.
   Durante un día pude disfrutar la increible, perfecta y extraña sensación de no tener un solo dolor de espalda desde hacía años.
   Apenas uno o dos días después recaí: ¿Quieres saber por qué creo que volvió el dolor? En la próxima entrada lo sabrás.