Si en una entrada anterior llegué a la conclusión de que la postura con la que menos calorías se queman es la que más adelgaza. Ahora voy a llegar también a otras dos conclusiones aparentemente sorprendentes.
Aunque mis dolores de espalda reaparecieron, al darme cuenta de que parte de los mismos no eran más que somatizaciones mías, pude volver a deshacerme de ellos, y esta vez de una forma si no definitiva, sí al menos más duradera. La primera y feliz consecuencia de la ausencia de dolor, fue que pude dormir noches enteras del tirón, cosa que antes se me hacía imposible. Muchas veces antes de las cinco horas de sueño intermitente, mi cuerpo estaba tan dolorido que me era imposible volver a conciliarlo.
Primera conclusión: durmiendo bien se adelgaza más. ¿Por qué?. En primer lugar porque, habiendo descansado, uno se siente más vital y activo, y dispuesto a gastar calorías desde por la mañana. Que quede claro que no me refiero a dormir más, sino mejor, es decir, sin estar despertándome cada dos horas. En segundo lugar, al estar más despierto, puedes prestar más atención, y concentrarte mejor, por ejemplo, en lo que comes.
Y hablando de comida, yo había añadido a mi dieta algunos suplementos para compensar la supuesta falta de nutrientes que podía tener, dado que había reducido el consumo de productos de origen animal. Lo que me lleva a la siguiente conclusión: comiendo más nutrientes se adelgaza más que comiendo menos nutrientes. Por ejemplo, una porción de pan hecho con harina refinada tiene una buena cantidad de hidratos de carbono y poco más. Una porción de pan hecho con harina integral tiene alguna caloría menos (en realidad son casi las mismas), pero una gran cantidad de fibra y minerales que sólo existen en la parte de la harina que se le suele quitar a la harina refinada, esto es, el salvado. Menos calorías con más nutrientes. Con todo, lo más positivo no es la reducción de calorías, o el efecto beneficioso de la fibra a la hora de combatir el estreñimiento, sino el efecto antiansiedad de los alimentos ricos en nutrientes.
Si el cuerpo nota una falta de nutrientes, sea el que sea, pide comida. Si nos falta una pequeña cantidad de, por ejemplo, selenio, que se encuentra en la carne o en los cereales integrales, pero no en los cereales refinados, el cuerpo nos pedirá una ración más de comida, o volver a comer inmediatamente después de haber acabado la digestión. Y no importa cuánto pan comamos más si éste sigue siendo refinado, porque al cuerpo no le estaremos dando nada más que calorías que no sacian el hambre, pero que engordan igual que el resto de calorías. Engordaremos pero nos seguirá faltando un nutriente esencial. Por supuesto, comiendo mucho y de todo, por muy de baja calidad que sea, llegará un momento en que consigamos esa cantidad extra de selenio, pero habremos ganado muchas más calorías de las necesarias.
Así que otra de las razones por las que adelgacé fue porque, al añadir ciertos suplementos alimenticios y al cambiar los alimentos refinados por sus equivalentes integrales, le di a mi cuerpo los nutrientes que necesitaba y así reduje la ansiedad por comer, sin aumentar el número de calorías.


No hay comentarios:
Publicar un comentario