miércoles, 15 de septiembre de 2010

Dolores de espalda

   A los 13 años empecé con las clases de guitarra, a los 14 me compré un ordenador y aprendí a programar, a los 15 bailaba break dance, a los 16 conocí el yoga...
...a los 24 tenía dolores en la zona de las cervicales, a los 30 tenía fuertes dolores en las lumbares y tenía que tomar calmantes, a los 35 estuve de baja por un ataque "invalidante" de ciática, concretamente "Lumbociática Izquierda".
   La postura para tocar la guitarra, por muy correcta que sea, no es buena para el cuello, ni pasar horas frente al ordenador, y con el break dance se hacen verdaderas burradas con el cuerpo, como bailar sobre la cabeza. Hablando de burradas, recuerdo haber empujado un coche cuesta arriba, haber sostenido una escalera de unos cien kilos con mis brazos y haberme excedido en la postura del misionero. Tras estos incidentes, siempre me sentía sin fuerzas de la cintura para abajo durante el resto del día. A estos esfuerzos excesivos y puntuales, tenía que sumarles esfuerzos repetitivos, como reponer sacos de tierra y diversos objetos pesados en una tienda durante horas y durante años, desde los 24 años.
   Y un apunte más: también el yoga, mal hecho, puede provocar lesiones. Así que yo sabía que lo estaba pasando mal, que tenía muchos dolores en la espalda, pero no sabía qué lo había causado exactamente.
El hecho de haber padecido una dolencia "asimétrica" hace que ciertas posturas sean buenas para mí, y que en cambio su simétrica no lo sea. Por ejemplo, esta postura no me viene bien, mientras que si invierto las piernas, resulta muy beneficiosa para mi "lumbociática izquierda". Conclusión: El Yoga debe estar adaptado a las circunstancias de cada persona.

  En principio, mi objetivo fue seguir los consejos del médico. Pero una vez aliviado y, tras descubrir que en el momento que dejaba por unos días las pastillas recomenzaban los síntomas, me negué a pasar el resto de mi vida a base de medicamentos.
   En primer lugar, como yo había leído mucho sobre el yoga, comencé a seguir diversos consejos que ya sabía, como cambiar de colchón, de almohada, procurar mantener la postura correcta en cada situación (bastante fácil de decir y muy difícil de hacer), usar una faja lumbar en el trabajo, etc
   En segundo lugar, retomé la práctica del yoga, pero esta vez de una forma más constante y con una forma de yoga más suave. A los 36 me apunté en el curso para profesores.
   La primera sorpresa fue que pude mantener a raya la ciática. Quiero decir, que aunque la lesión subyacente seguía ahí, en cuanto notaba el primer síntoma (que consistía en notar como si me hubieran dado una patada en el culo), me bastaba con tomar el antiinflamatorio y pasar a hacer rutinas más suaves en mis sesiones de yoga. Por una parte el yoga fortalecía los músculos responsables de sostener la zona dañada, y así aliviar la presión sobre la misma, pero por otra parte algunas posturas la comprimían, con lo cual acentuaban los síntomas. Sin embargo, lo mejor del yoga fue que me permitió darme cuenta de ello. El principal resultado del yoga no fue descubrir la "postura mágica", sino descubrir las posturas "malas", y así poder evitarlas en mi vida "real" fuera de la colchoneta. De nuevo, lo mejor del yoga fue el aumento de consciencia sobre mi propio cuerpo.
   El siguiente paso, una vez mantenida a raya la ciática, fue descubrir que me dolía todo el resto de la espalda. Sí, entre los medicamentos y los anestésicos naturales, los demás dolores que había tenido el resto de mi vida se habían mantenido a la sombra, y sin las medicinas, reaparecieron en orden inverso a como habían surgido. A medida que desaparecía un dolor, reaparecía el inmediatamente anterior que había estado allí latente, oculto por un dolor más fuerte. Pasé de la ciática a la lumbalgia, y de la lumbalgia a diversos dolores en las cervicales. Al principio me desesperé, hasta que comprendí lo que estaba sucediendo.
   Yo había tenido todos esos dolores durante años, pero siempre habían estado enmascarados o por las pastillas o por un dolor mayor. Cada vez que había tenido un dolor fuerte, mi cerebro había segregado sustancias que si bien no habían podido con él, sí habían ocultado el otro más débil. Así, la ciática había enmascarado a la simple lumbalgia, y la lumbalgia a los dolores en las cervicales. Es un mecanismo natural del cerebro que nos mantiene libres de ser un constante mar de dolor. Hasta que no me libré del dolor en las cervicales, es decir, del primero que había tenido en mi columna, no estuve seguro de haber completado todo el proceso de curación.
   Durante un día pude disfrutar la increible, perfecta y extraña sensación de no tener un solo dolor de espalda desde hacía años.
   Apenas uno o dos días después recaí: ¿Quieres saber por qué creo que volvió el dolor? En la próxima entrada lo sabrás. 

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