Una mañana en la ducha me di cuenta de que mis dolores de espalda habían desaparecido. Me sentía tan bien y con tanta energía que lo primero que hice fue ir a contarlo. En el fondo me sentía extraño, porque los dolores me habían acompañado durante tanto tiempo, que era como si me faltase algo.
Y a los dos días volvieron.
Creo que por dos razones. La primera porque después de tanto tiempo había acabado por identificarme con esos dolores, yo era entre otras cosas "esa persona a la que le duele la espalda". De hecho, cuando le conté a un amigo lo raro que me sentía sin esos dolores se volvió y me preguntó, extrañado: ¿por qué, es que los echas de menos?.
No supe qué contestarle, pero era verdad que me sentía así.
Después de todo hay tanta gente con dolores crónicos que lo raro era que no supiera a lo que me estaba refiriendo. Pero su pregunta me abrió una nueva perspectiva, la de que hay personas que no han pasado por esa experiencia, que, de hecho, nacemos con una espalda maravillosamente flexible que se fortalece en poco tiempo, y que pasamos una primera infancia con una columna sana. Para la inmensa mayoría de la humanidad es un derecho de nacimiento poseer una espalda, fuerte, sana y flexible. Y simplemente con un poco de higiene postural, se mantiene así por muchos años. Lo malo es, que desde el colegio, empezamos con las malas posturas, y en ese sentido lo peor es que el colegio cada vez empieza a menor edad.
Había olvidado que era mi condición natural estar con una columna sin desviaciones, y había interiorizado las lesiones como algo propio y natural, cuando lo natural es estar fuerte y sano. Hablaba de "mis" dolores de espalda cuando en realidad habría tenido que hablar de "los dolores" de "mi" espalda, que es diferente.
En fin. No sé cómo pero a los dos días ya tenía otra vez esos dolores.
Ahora es cuando viene la segunda razón: me sentía con tanta energía y vitalidad que me fue muy fácil perder el control. En esos momentos yo acababa de obtener el título de profesor, y había iniciado un canal de yoga en Justin.tv donde emitía videos de yoga hechos por profesionales y hacía alguna sesión en vivo. Con lo cual, entre la sesión en vivo, la preparación de la sesión y mi rutina diaria, a veces hacía hasta tres sesiones cada día de yoga físico. En especial la sesión en vivo, para no aburrir al personal, se ceñía a una amplia serie de posturas que no mantenía apenas tiempo, sin relajaciones entre posturas, y sin sesión de relajación final o con una pequeña relajación, puesto que ver a un tío con barba tumbado en una manta no era lo mejor para mantener la audiencia. En pocos meses mi canal tuvo unos 500 fans y alrededor de 150.000 vistas, aunque tengo que decir que mi programa en vivo era de los menos vistos. Con todo, pagué el exceso volviendo a los dolores.
Ese exceso de energía y vitalidad me hizo perder el control, esto es, la consciencia de mi propio cuerpo y superar mis límites. Hay algo en lo que no falla la ciencia: "La energía no se crea ni se destruye, se transforma". Cuando uno pasa de tener poca energía a tener mucha es porque ya la llevaba dentro o porque la ha adquirido de fuera, no surge de la nada. Con el yoga se consigue tanto aprovechar mejor la energía que nos viene de fuera, esto es, de los alimentos, del descanso, del aire libre, como sacar la que llevamos dentro, como con las posturas de torsión, que exprimen los músculos, y sacan hacia fuera la energía latente, como el jugo de una naranja, a donde pueda ser más necesaria.
Las posturas de torsión sacan la energía que llevas dentro. Y hay que hacerlas con cuidado para evitar lesiones.
¿Pero hay algún problema con esto?. Pues, bueno, si no estás acostumbrado, simplemente no sabes qué hacer con tanta energía. En primer lugar te sientes más vital pero también más nervioso. Es posible que sientas más deseo sexual, pero también que duermas peor. Tu cuerpo irradia vitalidad, pero al mismo tiempo tus movimientos derrochan energía y se hacen más vehementes. Y, al fin, toda esa energía que te sobra, sale por algún lado, generalmente, si no sabes canalizarla, en forma de insomnio, derroche sexual, irritabilidad, o simplemente yendo más allá de tus posibilidades.
Ni que decir tiene que comencé a hacer series de posturas cada vez más amplias y avanzadas, sin un criterio prudente. Así que me excedí.
En resumen. Los dolores volvieron porque no sabía vivir sin ellos, y porque en un momento de euforia me pasé con los ejercicios.
Muchas de las recomendaciones del yoga te llevan a ganar mucha energía. También se debería enseñar a canalizar esa energía, incluso antes de enseñar ciertas posturas.

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