viernes, 10 de septiembre de 2010

La realidad anestesiada

   Nada más volver a mi trabajo, no sé si exactamente el primer día, pero si no, al segundo o al tercero, me golpeé en la espinilla, sentí mucho dolor y lo recordé durante días. Poco después volví a golpearme con tanta fuerza que me hice una herida que sangraba a través de los pantalones. Ni que decir tiene que también fue muy doloroso. A partir de ahí, supongo, volví a la rutina de siempre, a tener las piernas llenas con los cortes y los arañazos que me había hecho sin darme cuenta. La única diferencia fue que las primeras veces tras el regreso del curso de yoga, los golpes que me daba me dolían más o, al menos, yo estaba más consciente para darme cuenta de ellos.
   Ser más consciente, estar más atento significa, entre otras cosas, sufrir un poco más por lo que es doloroso y, también, gozar un poco más con lo que es placentero. En consecuencia, es más fácil dejarse llevar por las pasiones, o perder la concentración en los sinsabores y, al fin, volver a desconectar, dejar de ser consciente y...
...perder en pocos días lo que habías ganado en consciencia durante el curso.
   Por supuesto, el yoga es cuestión de años y no de una semana. Aunque yo llevaba practicando yoga de forma bastante irregular desde hacía dos décadas y de manera más asidua durante los últimos meses, no podía pretender ser mucho más consciente de la realidad, a tiempo completo, por haber estado presente en un curso de una semana. Porque, claro, no es lo mismo la práctica dentro de un estudio, o en un entorno controlado como puede ser el salón de tu propia casa, que de vuelta a la vorágine estresante del día a día en un trabajo cara al público. Como dice el proverbio: Es la práctica la que hace el maestro, y no el diploma que acababa de mandar a enmarcar.
   La dificultad del yoga, o de los trabajos cara al público, es la misma que la de los deportes artísticos (patinaje artístico, gimnasia rítmica, natación sincronizada...), que no es la de realizar un ejercicio dificilísimo, sino hacerlo, y además acabar con la cara sonriente.
Esto, antes de ser una posición para la gimnasia rítmica, era una postura de Yoga
   Uno ve cómo llegan los corredores de los cien metros lisos después de tan sólo 10 segundos de carrera y tienen la cara desencajada, se tiran al suelo, o se quedan con las manos en los riñones tratando de coger aire desesperadamente como los peces fuera del agua. En cambio, tras un doble salto mortal en suelo, tienes que caer de pie, sin rebotar y sonriendo. En yoga además ni siquiera puedes perder el ritmo de la respiración.
   A lo que iba, después de tantos golpes, el cuerpo y la mente se protegen. El cuerpo libera anestésicos naturales y la mente desconecta de la realidad, con lo cual andamos por el mundo constantemente anestesiados, unos de forma totalmente natural y otros a base de drogas, pero todos (o casi todos) de forma insconsciente.
   Para terminar, lo que dijo Leena Patel:
... by the way, do not belittle the value of doing 'flossingyourteethasana'. Anything that you do mindfully and with your full attention is yoga.
Es decir:
... por cierto, no menosprecies el valor de hacer "cepillándotelosdientesasana". Todo lo que haces conscientemente y con toda tu atención es yoga.

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