Le describí a un profesor de yoga una secuencia de posturas que había visto. Empleé, como no, para ello, términos propios de yoga y de anatomía para no parecer inculto, como "pronas las cervicales mientras flexionas el psoas...", y que me tomara en serio, pero hablando "normal", más o menos le dije lo siguiente:
-Estando de pie, erguido, ladeas el cuello hasta tocar el hombro derecho, inclinas la columna hacia delante dejando caer los brazos estirados hacia abajo, flexionas un poco las rodillas, rotas la columna hacia la derecha y con la mano izquierda por delante te tocas el lado derecho de la cadera, luego llevas hacia delante el brazo izquierdo y giras la muñeca en el sentido de las agujas del reloj, adelantas el pie izquierdo un poco elevado de forma que te quedas en equilibrio sobre el pie derecho, recoges el brazo izquierdo y lo vuelves a llevar por delante hasta el lado derecho de la cadera, deshaces el movimiento de la columna, estiras el brazo izquierdo hacia abajo, pegas una pequeña patada con el pie izquierdo todavía levantado y te incorporas. Todo esto manteniendo la oreja derecha pegada al hombro.
Después de esta larga descripción me miró perplejo y llegó a la conclusión de que le estaba describiendo una serie de posturas avanzadas de yoga, sólo al alcance de los alumnos más aventajados.
-Para nada, -contesté- es una serie de movimientos que realiza todos los días mi vecina del cuarto ya jubilada.
-Pues debe de tener un control del equilibrio y un dominio de la respiración ejemplares, no es una serie de posturas que recomendaría a mis alumnos, sería fácil lesionarse haciendo esa secuencia de movimientos sin calentar. Y además no le veo mucho sentido, no veo qué grupos de músculos se trabajan específicamente en esas posturas, a no ser que lo que se quiera trabajar sea el equilibrio y la concentración en grado sumo.
-Lo del equilibrio es cierto, puesto que, para añadir dificultad, la señora comienza todos estos movimientos mientras mantiene en las manos un peso considerable, en la boca sostiene un pequeño cilindro y sujeta con precisión entre la oreja derecha y el hombro un objeto plano y delgado de unos cien gramos, después suelta el objeto grande de la mano izquierda, mientras que introduce un objeto más pequeño aún con dicha mano en una ranura pequeñísima, y poco después vuelve a recoger el objeto grande con la mano izquierda, mientras con el pie izquierdo empuja otro gran objeto pesado mientras mantiene el equilibrio sobre el pie derecho. Y el control de la respiración es absoluto, puesto que lo hace mientras habla y fuma.
En ese momento se dio cuenta de que le estaba tomando el pelo, sin embargo, la secuencia que le había descrito, aunque no era ninguna serie avanzada de posturas de yoga, sí era una serie de posturas que hacía la vecina jubilada del cuarto, y muchos de los vecinos todos los días.
Los objetos de las manos eran bolsas de la compra, el objeto que mantenía entre la oreja y el hombro era un teléfono móvil, el cilindro de la boca era un cigarrillo, el objeto pequeño de la mano izquierda era una llave y el objeto grande y pesado que empujaba con el pie izquierdo era la puerta del portal.
Toda una secuencia avanzada que jamás ningún profesor de yoga se atrevería a recomendar por peligrosa y sólo al alcance de las personas más flexibles del planeta. Al lado de esto, las posturas de las clases de yoga son como quedarse tumbado.

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